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CUANDO LA MUSA SE FUE

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Cierta vez le pasó. Tan riguroso como solía trabajar, siempre puntual, con su café en una mano y las noticias en la otra, caminando rumbo a su estudio dispuesto a reunirse ante ella…
Se sentó en su cómodo sofá tapizado. Tomó una de sus hojas, la pluma fuente y…
Nada. No la halló. Pensó que sería la mala noche pasada, la copa de licor inusual… sus plantitas lo miraron con seriedad, pero él no las notó, ya que sus hojitas brillaban demostrando cuánto las cuidaba…
Se sentó junto a la ventana a leer el diario; incluso se dio el lujo de usar su vieja pipa de ocasiones especiales, todo para llamarla…
Y volvió a sentarse. Esta vez incluso hizo algo de yoga, para concentrarse. Pero tampoco notó el rostro serio de su estatuilla de Cervantes, que la vio irse con ese gesto de taimadura en el rostro…
Garrapateó cosas indescifrables. Trató de hacer dibujitos. Nada lo dejó satisfecho…
Ya con algo de preocupación, salió al jardín. Allí empezó a notar huellas de lo ocurrido, en los muchos pajaritos que siempre cantaban para ella, y que ahora no estaban.
Para la musa. ¿Dónde diantres se metió?
Empezó a leer el piso. Pasitos de duende se notaban con claridad entre el pasto, pero en su torpe estado creyó ver patitas de gato… trató de leer las esencias en el aire, entrampado en su preocupación, y nada sintió más que el olor a chimenea… cómo no notar las frases suspendidas, que cantaban el hastío de la musa…
Triste y sintiendo algo de soledad, fue a comer. No halló sabor en sus alimentos, tampoco escuchó la potente conversación de su colección de discos, unos defendiéndolo, y otros buscando remedio para hacerla volver…
Pasó la tarde con la cabeza metida en su computadora. La vista nublada, no alcanzaba a distinguir los saltitos con que las alas trataban de llamar su atención…
Hasta que se quedó dormido. Y fue en ese estado que pudo poner atención a todo lo que ocurría a su alrededor. Oyó a sus pisapapeles criticándolo, a las hadas reprochándole su desdén… creía estar en uno de esos locos sueños producto de mucha televisión, cuando miró el vació. Y se dio cuenta que su musa, tan fructífera, le había escrito 100 cartas de amorosas quejas, todas colgadas en su ventana, todas cerradas.
Entendió. Las leyó, ahora que lograba verlas, se acongojó por el tonto orgullo que lo había hecho volver el rostro, y se sentó en el suelo, esperando inspiración.
Dulces canciones le sugirieron sus discos, una sentida carta de amor le aconsejó Cervantes, impresionantes flores le consiguieron los duendes. Las hadas le llevarían sus lamentos, y la cuerda intentaría atraparla.
Pasó varias noches en vela, aguardando alguna respuesta. Redecoró, cantó y bailó, alejó a todo ser humano de su lado para evitar justificados celos. Esperó.
Hasta que llegó. La respuesta, envuelta en una hojita de magnolia. Con seriedad, una mariposa de papel le leyó las condiciones de la musa. Todo lo aceptó.
Y así, ella volvió. Entonces, cada mañana agradeció. Sonrió, desde su fibra más íntima. A sus duendes cada noche invitó.
Y del mal genio, se olvidó. A su musa la vida le dedicó.
Y a un solitario loco el resto del mundo finalmente conoció.


EL PAÑUELO PERDIDO

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La señora Rosales lloraba por su pañuelo perdido, con tanta pena que incluso quienes nada la conocían sentían tristeza por ella. Apenas ocurrió el atraco, varios transeúntes se acercaron a auxiliarla, y una vez conocidos los hechos suspiraban y hacían aquella mueca tonta, boca abierta, que quería decir: ¡qué pena! o ¡a mí qué me importa!

Ella no pensaba en eso. Tampoco en las monedas de plata que tenía guardadas en su bolso perdido, no… ni siquiera se acordaba que tenía puesto un zapato menos que lo usual o que las medias se le habían bajado hasta los zapatos con la agitación…

Pensaba en otros tiempos. Pensaba en ese invierno, cuando compartió risas al inicio discretas junto al calor del brasero, y luego sendas carcajadas. Pensaba en los saraos que compartieron, en los disgustos que tuvieron con sus tan distintos gustos culinarios. Pensaba en las cartas. Pensaba en cuando fue feliz.

Y pensaba en lo único que le había quedado de aquellos años, luego que los malentendidos consecutivos los terminaron alejando tanto…

La distinguida policía de la ciudad la escoltó en su carruaje con solicitud y cortesía a su casa, donde pudiera descansar del shock sufrido, todo ello encarnado en la compañía del mayor de los conscriptos. Él, guiado por su poca vista, cayó consecutivamente en uno y otro bache de la avenida principal… tras el incómodo viaje, el mayor sugirió a la señora tomar una hierba para los nervios y dedicar el resto de la tarde a descansar.

Obediente, siguió los sabios consejos de la autoridad, tras referir entre lloriqueos desesperados toda la aventura a su marido y fiel ama de llaves.

Y luego se puso a recordar el día en que, tijera en mano, y para evitar más enredos, quitó el anagrama que tan galantemente decoraba aquel pañuelo. Hilo tras hilo, el corazón hecho hebras, hasta que sólo su recuerdo lo viera esplender.

Pasaron largas las horas de esa noche, escuchó tumultos, ayes y algazara. Escuchó su nombre, su risa, los carruajes entre los cuales lo vio partir aquella última vez.

Por la mañana y tras las tareas rutinarias en su hogar, supo de la visita especial. Un campesino, sencillo e ignorante, que por casualidad encontró el bolsito, sin monedas…

Pero con el tesoro aquel que creyó finalmente perdido. Se sentó en el suelo producto de la impresión, se quedó mucho rato en silencio, lloró amargamente… se recompuso, limpió su rostro, arregló su moño, y agradeció.

Por haber vuelto a vivir.

UN HOMBRE, SU FORTUNA Y EL AMOR

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Definitivamente la cría de aves exóticas no era lo suyo. En un emprendimiento, con la primera crianza terminó de matar sus ahorros, y con las dos siguientes terminó de gastar el tesoro familiar… a pesar de tantos esfuerzos…

Después de un merecido viaje al medio oriente para pasar las penas y olvidar las preocupaciones, decidió comenzar todo de nuevo… sin rendirse esta vez, aunque el mundo se le viniera encima.

Así nació el comercio de corazones vía internet… su página desplegaba a todos los vientos las bondades de conocer una pareja sin usar más que un clic del mouse. Y prometía grandes encuentros cargados de romanticismo.

Las primeras semanas el negocio no tuvo mucho movimiento, salvo la temible intentona de aquel hacker por hacerse famoso a costa de sus múltiples links multicolores… tras salvar casi con heroísmo el artero ataque, las cosas fueron viento en popa para él, y con esto salvó el orgullo de su rancia familia.

Finalmente el reconocimiento social comenzó a llegar cuando una estrella rockera declaró haber usado su página para citarse con una dulcísima princesita mapuche. Así su fama se fue a los cielos.

Ah, la paz, qué bien tan preciado… las horas se pasaban lentas y pausadas, todo el caudal de dinero despilfarrado volvía con quieta calma a su desvencijada caja de valores… todo menos… todo menos…

La primera entrevista a un programa fue un matinal, si bien el esfuerzo por presentarse allí tan de mañana fue grande, la recompensa valió absolutamente la pena… todos sus bienes perdidos, de regreso a su justo propietario… todo menos… todo menos…

Camino por su parcela de agrado, despejando la mente con un buen puro y la compañía de sus canes de fina raza, comenzó a dibujar el camino para volver a recuperar lo que tanto anhelaba… esa hermosa cabellera negra, amazona, que se había perdido entre los maizales hacía tanto… cómo recordaba el tibio aroma de su aliento, las manos pequeñísimas, los pasitos ligeros… tenía que recuperarlo, tenía que volver el tiempo…

Decidido a buscar su pista, se sentó a conversar con el mayordomo, a la sombra del inmenso álamo… preguntando con desgano y aparente desinterés, logró averiguarlo todo…

Fue a buscarla una tarde de sol, mientras la arena parecía hervir a la vera del camino. Se puso una camisa tan sencilla como pudo y vistió su corazón de recuerdos juveniles. Ella lavaba, con energía y desenfreno, botando sus males en los golpeteos contra la ropa. Al principio no se percató de su presencia, tan distinto se le hizo a la luz de la riqueza. Y cuando lo conoció le dijo lo que tenía por decir, que su fortuna lo había hecho un desconocido para ella, enferma y débil por la mala vida. Que no tenía sueños en el corazón, sino obligaciones para con los suyos que la habían transformado en una esclava del deber.

Él entendió todo, pero su corazón se destrozó. Fue creciendo su orgullo, la miró con los ojos de su aristocracia y la desdeñó, pues qué poca cosa era entre tanta miseria.

Decidió darse por vencido en ese mismo instante. Porque a pesar de su fortuna, hay cosas que su dinero nunca podría comprar.

NO EXISTE

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Por más que lo pienso más me convenzo.
¿Existe el amor? No.
Existe el ave, existe la nube.
Existe el sonido que irrumpe en los oídos, existe la canción.
Vive el arroyo que gorjea entre piedras y durezas. Vive la risa. Vive el azul.
Y del amor, sólo pistas. Un aliento sin forma.
Un espíritu sin nombre. Que no es de nadie y se supone que en todos habita.
No lo creo. No es tal.
No existe. No existe el amor.

EL AMOR NO SE PUEDE CALLAR

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Cuando sonó el teléfono ella sabía quien era. El corazón le empezó a latir con furia, se tomó su tiempo para responder...

Cuando escuchó su voz ya sabía lo que iba a escuchar. Hace rato sabía que las cosas se estaban complicando cada vez más, y que la solución probablemente sería dejarlo todo hasta allí...

Cuando él la miró, ella bajó la vista. No quería que él se diera cuenta todo lo que pasaba en su corazón, prefería callarlo todo antes que enfrentar su mirada tan dulce y tan querida...

Cuando él la besó, pensó que viajaba al cielo. Tantas veces haber soñado con ese momento, y que se hiciera realidad era algo imposible de creer...

Cuando su corazón dejó de latir, recordó las recomendaciones del doctor. Evitar emociones fuertes, especialmente del tipo amoroso... por eso siempre se había callado todo, pero cómo resistir al amor...

LA MAR

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En su carta venía un tesoro. Los recuerdos de otros días, cuando podía contemplar en el rostro amado esa alegría y belleza propias de la juventud...

Concentró la mirada, desde la inmensidad del baile de las olas, a la grafía menuda y grácil de Esperanza... con cada sílaba, sentía rejuvenecido el corazón, sentía la tibia presencia de ella con tanto realismo, que hasta con miedo leía al borde de la página, para no perder su figura...

Sentado en la popa del navío, detuvo su lectura obligado por el brusco movimiento de la mar. Su gris mirada se detuvo en un punto distante, meditando las palabras de Esperanza, imaginando esa tibia mano moviéndose en perfecta armonía con la pluma, oyendo los acompasados sonidos de ese amado corazón... cerró los ojos para hacerse parte del cuadro, pero los demás pasajeros lo trajeron de vuelta hasta la cubierta. Sacó su pipa, la cargó de tabaco con lentitud, casi con esmero, y tras una profunda respiración, se paseó a través de las aletas de babor y estribor. Los niños que corrían se quedaban mirando las figuras que dejaba el humo, dando unos gritos que por momentos alejaban a Esperanza de su lado. Mientras el cielo miraba amenazante.

Las horas se sucedieron, siguiendo el vaivén de la embarcación que acunaba en sus entrañas el secreto de este inmenso tesoro... hasta que al fin llegó la noche y la soledad que Moisés deseaba tanto. Aún con la cena a medio digerir, salió con paso juvenil hasta la cubierta. La oscuridad se hacía cómplice de sus intenciones, fijó la mirada en los pasamanos para tenerlos como referente, se plantó al centro de la cubierta, comenzó a tararear esa querida melodía y a mover manos y pies, en una danza dulcísima, anhelada y silente...

La mar cantó sus amores, aquellos más húmedos y fatales, mientras Moisés se abrazaba con su amada. Ningún pasajero lo vió, todos se ocultaron de la fría y horrible tormenta que se llevó consigo a aquel extraño anciano de pipa. Del tesoro, sólo quedó el recuerdo. Un recuerdo que tomó forma y carne en las olas vivas que vinieron al encuentro de esa llamada de amor. Porque al final, Moisés y Esperanza se hicieron uno en el cuerpo violento de la mar. Donde siempre quisieron vivir.

MALDITA

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Maldita... que fuerte palabra...

Más si está dicha desde el fondo del corazón, como la respuesta a una relación donde debió existir sólo amor...

Maldita... así la definió él entre sus delirios, cuando la fiebre le permitía dar un suspiro a las mil burbujeantes ideas que conectaban aún sus neuronas... todo cambió del dulzor de la miel al horror marcado cual cicatriz, cuando lo supo...

Conocerse y quererse fue como un chasquear de dedos, a pesar de que no era prudente las cosas iban tan rápido que lo único por pensar era el evitar apartarse uno del otro, cómo pudo cambiar tanto... conseguirla no fue fácil, los ancianos le aconsejaron, la luna no era favorable...

Los meses se sucedieron con la rapidez del viento, tan pronto fueron amigos, como novios y finalmente marido y mujer. Todo un sueño, cada día, todos los días... Hasta que llegó esa carta. Su nombre, escrito con puño fuerte, trajo la sombra al rostro de ella y llenó de dudas el corazón de él. Tras la conversación, todas las aguas se aquietaron, pero las miradas de ella no podían mentir...

Tras un año de amarse, comenzó el calvario... noches perdidas, levantándose una y otra vez, pensando en qué estaba pasando, por qué tardaba tanto en la cosecha, por qué salía antes del amanecer, a quiénes vendía los productos de la granja que la apartaban tanto de su lado...

Hasta que lo supo. La vio, tomada de la mano, con aquel extraño hombre, saliendo del establo... ella alzó la vista y también lo vio, la canasta que llevaba en su mano cayó a sus pies y un grito ahogado se perdió en su pecho...

Solo entonces recordó todas esas advertencias. Que esa mujer, por muy bella que pueda ser, no conoce el amor... o mejor dicho, no sabe amar solamente a uno... patrañas, eso puede cambiar. Todos esos recuerdos, el fuerte propósito de cambiarla se desvanecieron por completo cuando la volvió a ver... y así se sucedieron las salidas, los paseos, las ausencias, los comentarios...

Hasta que la sombra de ese ingrato amor lo empujó por aquella senda sin rumbo, tan a la mano... pensando en su aroma comenzó a comer aquellos frutos, uno tras otro, descontroladamente, hasta que olvidó donde estaba...


Maldita... susurraba en su lecho de muerte, mientras ella lloraba lagrimas de sal sobre su pálido rostro. Maldito corazón, maldito rostro angelical. Maldita... historia de amor.

TU AMOR ME TIENE PRESA

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La dulzura de tu voz no me deja.

La ternura de tu mirada me obliga a recordarte.

Hasta en sueños te apareces.

Déjame libre.

Devuélveme la paz.

EL DIA QUE TE FUISTE

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Cuando él se fue
no hubo llantos
ni súplicas
ni demandas judiciales.

No hubo tiempo,
ni menos interés...

Si al fin y al cabo
una noche de pasión
comienza y termina
con un beso.

Y es sólo eso.

UNA VIDA A TU LADO

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-No, la cosa no es así... mira, la verdad es que prefiero que no nos veamos más, si eso es lo que quieres...

-... pero no tienes para qué exagerar, simplemente te estoy diciendo que necesito que nos demos tiempo. Quizás más adelante podamos volver, no sé, retomar las cosas...

-Es que yo creo que esto se murió de tu parte, no sé, cada vez siento más que tú estás conmigo por rutina, por cumplir... qué se yo... incluso creo que tienes a otra mina por ahí...

-Nopo amor, cómo se te ocurre... si quieres vámonos a la playa un par de días, ahí conversamos más...

La playa, hermoso marco para una linda reconciliación.

-Oye, bella, voy a tener que volverme urgente, sabes que me llamó mi viejo... algo pasó en la fábrica, voy a tratar de volver ya, si no te llamo...

-¿Pero cómo?¿me vas a dejar sola???

-Es sólo por hoy, bella, te juro...

El teléfono, perfecto medio para dejar las cosas claras.

-¿En serio le creí lo que te contó? pa' mi que todo esto es chiva...

-Pero no sé pos, galla, si me dijo eso... qué querís que haga...

-Dale filo no ma'... pa' que te hací rollo...

-Es que no sé... yap... vale...

El tiempo, lo adecuado para abrir las heridas.

-Oye, qué onda con tu Romeo?

-Napu, hace meses que le di filo... no contesté nada suyo, lo eliminé de mis contactos, borré su cel... todo.

-Osea no lo acompañaste en lo del incendio?

-¿Qué?

-Shuuuta galla, metiste feo la pata... cómo no te enteraste de na'... yo no sé cómo hiciste eso...

-Pero yo ni idea... shuta, qué hacer...

-A estas alturas napo, galla... después de todo el rollo se fueron de Chile... no podís, en serio te pasaste...

El silencio, lo ideal para revolver las ideas.

LA CENA DEL AMOR

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Con esa regia comida le demostraré todo mi amor, pensaba Galia, así él sabrá que mi corazón le pertenece y podremos ser felices y gozar de nuestro amor...

La mesa preparada, las servilletas de género dispuestas con esmero sobre los platos de pan, las velas aromáticas se consumían con lentitud... todo perfecto, todo a tiempo... hasta la música estaba preparada, esperando su triunfal momento de entrada...

Las ollas prestaron toda su artillería para la ocasión, salsas y aromas se chocaban sin confundirse, cada una en su lugar, ensuciándose por la causa.

Suena el timbre, todos se detienen por la expectación... el delantal vuela, la música aparece, las velas exudan con fuerza su aroma... se abre la puerta...
  • FINAL 1. Aparece él... de punta en blanco, con flores en una mano y un regalo en la otra... qué encanto... saluda con beso en la mejilla, avanza unos pasos, nota el ambiente, se sienta, y comienza la magia... puro amor...
  • FINAL 2. la sonrisa de Galia desaparece cuando ve que es él... de la mano de una mujer, a la que presenta como su prometida... qué lío... cómo se pudieron confundir tanto las cosas, le falta rostro para estar sonrojada... los hace pasar, mientras lucha por borrar todas las huellas de sus oscuras intenciones... les sirve la cena sin probar bocado, casi sin pronunciar palabra... la velada termina tan rápido como sus ilusiones, una vez que está sola decide servirse un cóctel exquisito de barbitúricos que acaban llevándola al otro mundo...

  • FINAL 3. ¡Galia! la exclamación sorprende a la mencionada, quien parece despertar de un dulce sueño... ¡Por qué se sacó el delantal!¡Vaya inmediatamente a ponérselo! Galia detiene su mirada en él, su amado patrón, antes de reaccionar ante la orden de aquella mujer, su rival, su patrona. Siente el calor de sus ojos un segundo antes de bajar la vista y desaparecer tras la puerta de servicio.

  • FINAL 4. Galia recibe con gran sonrisa a su invitado, que parece no notar la importancia de este momento... se sienta, observa la escena que le han preparado, ansioso toma su celular, mira la hora, el celular y la hora, va al baño, y finalmente encuentra una excusa para huir prontamente de la celada... Galia, desconsolada, enciende su computador y se pone a escribir esta historia, que publica en internet.

EN OTOÑO

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-Pero tú sabes cuánto te quiero. No puedes irte así, no me dejes, ¿o es que ya no me quieres?
-Qué preguntas me haces, como si no supieras cuánto te quiero… Te amo, pero no puedo quedarme. Y tú lo sabes perfectamente, no he sido yo la única.
- Sí, lo sé muy bien. Y con todas las demás no me importó tanto… bueno, sólo la primera. Pero después de ella, tú… solamente tú. Eres tan perfecta, tan bella, tan mía. No me importa ir contra quien sea, ni maldecir, ni morir contigo. Solo quiero que no te vayas de mi lado.
- Soy tan sencilla, humilde y pequeña como tú has querido que sea. Has sido mi ejemplo de equilibrio, sabiduría, dulzura y paciencia. ¿Por qué echarlo todo a perder en nuestra despedida? El no tarda en venir a buscarme con su rápido andar, y no tendremos oportunidad de…
- Si él te lleva, muy pronto todo el mundo te va a pisotear. Lo sé muy bien porque lo he visto. En tu lecho de muerte nadie respetará tu agonía; es más, ni siquiera les importará que estés allí. Te ignorarán por completo, te harán daño. No quiero que eso suceda contigo, hijita mía. Yo le haré frente a ese que me ha arrebatado a todas las que ha querido. Contigo será diferente.
- Hemos estado juntos mucho tiempo. Desde que me creaste y era así de chiquitita hasta hoy, que ya estoy vieja y cansada, han pasado cosas muy lindas. Compartí contigo y con todas mis hermanas la hermosura de nuestro hogar, las reuniones de las que fuimos partícipes, romance tras otro, y algunas cosas que es mejor olvidar. Me has enseñado todo lo que sabes y te lo agradezco mucho, pero mi tiempo ya se terminó. Tú eres el importante, el que debe perdurar, yo soy tan sólo una miserable hoja en el árbol de la vida.
- No, tú eres la mejor de todas. Me has acompañado y alegrado sólo como mi primera hija fue capaz. De eso ya ha pasado tanto que creí no volver a tener cerca de nadie mejor que ella. ¡Cuán equivocado estaba! A medida que el tiempo pasó te hiciste cada día más inteligente, locuaz, bella, adorable. Ahora que estoy tan viejo, tú eres la única compañía que realmente aprecio, y es por eso que lucharé hasta el final.
- Todas mis hermanas se han ido. Me has protegido fieramente, pero ya no debes hacerlo más. Pronto vendrán más hijitas a alegrarte en primavera… mira, ya viene por mí. Recuerda siempre que te quiero mu…
*************
- Mira, éste es el árbol que más me gusta de todo el parque. ¡Qué preciosa hoja se le ha caído! ¿Te gusta?
- Sí, es muy bella. Y parece que era la última que le quedaba.
- Ten, te la regalo.
- ¿Por qué lo haces?
-… porque te quiero mucho…

INVOCACIÓN

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Para tenerla muy cerca basta con susurrarle a la luna, al sol y a las estrellas, para que quien primero la vea la atraiga con sutileza.
También conviene dejar una invitación escrita en cada pétalo de una rosa, y dejarlas en caravana desde tu corazón al suyo, y para que no falte deja el camino marcado con lucecitas de suspiros…
Prepara una exquisita cena con los ingredientes más apropiados: frases de caramelo a cada suspiro de ángel, un toque de elegancia en el mirar, capullos hechos de besos apasionados, el candor de un corazón enamorado y las palabras que brotan de un espíritu principesco…
Y el resto, será de tu cosecha…

AMOR OTOÑAL

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Mi muy adorado Remigio:
Te escribo esta notita desde mi amarga soledad. La tristeza se ha apoderado de mi alma, y sólo tú eres el responsable.
¿Recuerdas aún, Remigio, la última vez que nos vimos? Te portaste tan mal contigo, me dijiste tantas cosas horribles, que el pensar siquiera en ellas me trastorna y hiere. Siempre te he amado, Remigio, y el que me digas cosas como que ya no me amas a mí, sino a otra, que lo mejor sería terminar con todo, que nuestros destinos jamás estuvieron unidos, que se suele confundir amor con atracción, que la juventud es ¡tan soñadora!, que una hermosa amistad será lo que de hoy en adelante nos unirá…
¡Ay Remigio, mi Remigio del alma! Después de escribir nuestros nombres unidos en el árbol más antiguo de ese centenario parque, después de besarnos bajo la frondosa sombra de aquel sauce, después de haber recibido la bendición de la primavera, después de todo eso, Remigio, pretendes que te deje. No, mi amadísimo, no puedo hacerlo. Todo lo que nos pasó significó demasiado para mí, tanto que es lo único que hoy queda en mi memoria. Nada podrá cambiar aquello, Remigio, ni tus explicaciones, ni mi soledad, ni el vientre latiente de tu nuevo amor. Cada día que pase será una grandiosa experiencia por revivir el amor de ayer, el amor que jamás morirá, el amor otoñal transformándose en primavera. Ven conmigo al futuro, mi dulce Remigio, y verás los hermosos momentos que esperan ser vividos, la sonrisa amplia que jamás desaparecerá de nuestras bocas, los excepcionales frutos que nos dará la naturaleza, la hermosura de nuestro castillo encantado. Hay tanto por vivir, amor mío, que pensar en un final es algo imposible. No somos dueños de nosotros mismos, ni de nuestros destinos tampoco. El camino a seguir ya está trazado, sólo hay que seguirlo.
Y esa es mi misión eterna, lograr que ese camino sea recorrido hasta el final. Si tú no vienes, Remigio, te llevaré conmigo de todas maneras. Tengo certeza del momento en que nadie me vigila, y la forma en que escaparé para llegar a ti, con el hermoso presente de mi amor eterno y esta pequeña amiga mía que me ayudará a convencerte del todo… Entonces, cuando nos reconciliemos, mi soledad se transformará en la cálida figura que tanto amo, mi silencio se trocará en una melodía maravillosa, mi corazón palpitante latirá por ambos, y con una amplia sonrisa que jamás desaparecerá veremos al amor otoñal transformarse en primavera.
Tuya para siempre,
Elena.

LA DESPEDIDA

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Una delicada sombra cruzó el umbral aquella noche. Adentro todos estaban descansando, dormidos. Caminó con delicadeza, sintiendo las acompasadas respiraciones. Se detuvo frente a cada rostro, contemplándolo como si no lo hiciera desde hace una eternidad, y recordando tantos momentos que habían formado su antigua historia. Hizo un leve movimiento para tocarlos, pero recordó que era sólo una sombra… entonces se puso a colgar colores y melodías en los muros, decoró cada silla y cada puerta con rosas de ternura, vistió las ventanas con cortinas hechas con risas de antaño, y dejó trocitos de alegría bajo cada almohada…
Cuando todo estuvo decorado, se detuvo a admirar su regalo de amor… nada recordaba del accidente, nada recordaba de su cuerpo destrozado, ahora sólo respiraba este instante, esta ocasión para volver a los suyos. Una fuerza que venía desde sus entrañas le hizo avanzar hacia el umbral, por donde había entrado… volvió la vista, susurró muy suavemente unas palabras mágicas y se deshizo en la oscuridad.
Justo en el momento en que el teléfono comenzó a sonar para despertar a todos.