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EL PELADERO

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De pie, en plena calle, con la vista fija, latiendo por dentro y por fuera, como si recorriera decenios en segundos…

Su mente atropellada con recuerdos que revoloteaban, saltaban y volaban dentro suyo, creando historias nuevas en el medio de toda aquella confusión.

Su cuerpo inmóvil, sintiendo un dolor inconmensurable, contemplando el lugar más importante de su vida hecho pedazos, como un desterrado de alma que vuelve incontables veces sin poderlo evitar…

A donde ya no pertenecía. Pero donde se encontraba su corazón.

Y era tan extraño verlo contemplarlo aquel sitio eriazo, donde nada quedaba en pie. Pero no hacía daño a nadie. Qué más daba, ver un loco más. La mirada perdida, como tantos.

EL ARTISTA VAGABUNDO

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Era invierno. Como en toda ciudad junto al mar, la humedad de las olas provocaba una cierta protección contra el viento helado, templando en cierto modo el aire marino.

Pero eso no le ocurría a él. Si bien era un artista, creativo e ingenioso, que dibujaba con su carboncillo escenas y lugares de estética belleza, la voz y la miraba lo delataban. Durísimo, como los roqueríos contra los que esas olas se golpeaban y hacían pedazos.

Fortísimo, incapaz de esbozar una sonrisa. Llegado de quién sabe dónde, se instaló una mañana nubosa junto al local de Sernatur. Callado, ausente, sentado en el suelo se soltó dibujando. Si alguien se acercaba a conversarle, él hacía como que escuchaba y mascullaba sus precios.

Lo habría vendido todo si hubiese sido de otro modo. Pero era seco y terco, y no le interesaba cambiar.

Para el hambre y el frío echaba mano de dos clásicos suyos, un plátano maduro un paquete de cigarrillos. A veces, cuando estaba muy lejos dentro suyo, hacía unos retratos, que no mostraba a nadie, y que se guardaba entre su casaca y los diarios doblados con los que se abrigaba.

Una vez, un grupo de jóvenes se ofreció para llevarse sus trabajos y venderlos en la universidad donde estudiaban. Él levanto la cabeza y les echó una mirada que más parecía un puñetazo… de ahí en adelante se le vio más solitario que de costumbre. Arisco, silencioso, insondable. Quién podría descubrir sus secretos.

Hasta que desapareció, tal como había llegado. La costumbre de verlo allí sentado mascullando arte se perdió a los pocos días, nadie lo conocía y nadie lo iba a extrañar…
Pero apareció. Sus dibujos prohibidos, los que no dejaba ver a nadie. Sus ninfas, sus sirenas, sus tritones… las creaturas con las que soñaba, aparecieron desperdigadas por la Costanera… la tentación de pensar que había conseguido viajar al fondo del mar fue grande… y así creció como mito por un tiempo.

Por el preciso tiempo que los perros vagos tardaron en encontrar sus sobras, y traerlo de vuelta al mundo de verdad. Con el pellejo pegado a sus ropas y el diario con el que se abrigaba, en todas esas noches durmiendo a la intemperie.


Esperando que de ese mágico mundo vinieran a rescatarlo.

ESTE INVIERNO

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Quiero escribir algo sobre este sitio asfixiante.
Algo que explique lo que siento.
Algo que haga entender que no me bastan las palabras… que nunca me han bastado… o que si antes era así, ya no…
Y si, es cierto… creo que desde la oscuridad es donde escribo mejor.
Me sale más natural… escritora maldita creo que me dijo en alguna ocasión. Es el momento cuando ya me saturan los sentimientos, la angustia, la soledad, la ira, cuando decido escupir todo eso, en un vendaval de letras que ni yo misma entiendo…
Me siento maldita. No porque alguien me haya echado un hechizo, no… soy yo… esta guerra se libra en este cuerpo, en esta sangre… sé que soy fuerte, lo he demostrado con todas las barbaridades que llevo escritas, pero ahora… estoy ahogada…
No sé si debo confiar. No sé qué hacer. No sé si estoy tomando buenas decisiones.
No quiero pasar este invierno.

LA SOLE

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Si alguna vez has disfrutado del placer de flotar de espaldas en una piscina, podrás entender a lo que me refiero hoy...


Parece que nada ni nadie podrá perturbarte ni molestarte por millas y millas, sólo tu cuerpo flotando en esa materia densa que te mantiene a flote... tu mirada al cielo, permaneces en una quietud completa... Así estaba mi espíritu, en calma y quieto, en un líquido voluble que le mantenía en un constante equilibrio... hasta que se me ocurrió sentirme sola... sentí frío en mis brazos, extrañé una voz cerca mía, levanté la cabeza y noté que realmente estaba sola... cada día más... La Sole, una vez más, encontró la manera de hallarme, y se acurrucó a mi lado...

----------------Listening to: Thomas Newman - A Rosevia FoxyTunes