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EL FIN DE LA LIBERTAD

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Cuando era niña, siempre quería más. Presionaba a sus padres para que la llevaran al campo con sus primos, y allá nunca le faltaban lugares por visitar y entretenerse.

En casa, rogaba por tener un monopatín, y cuando ya lo tuvo rogó que la dejaran salir a la plaza para jugar y lucirse con sus habilidades motrices. Gozaba sentirse libre, pero nunca pensaba en ello.

De joven, quiso aprender todo lo que estuvo a su alcance. Aprendió con maestros particulares, se instruyó en Artes y luego en Ciencias, donde halló la pasión de su vida. Se sentía exitosa y segura, respirando la libertad como si fuera suya.

Y cuando llegó a cumplir 41, ese accidente vascular la dejó sin nada. Imposibilitada de volver a caminar, atada a una ventana eterna, sin fuerzas para ejercer su carrera, se dio finalmente cuenta de que nunca agradeció por lo mucho que la vida le había otorgado. Notó su salud, inteligencia, belleza, libertad, entusiasmo, energía. Todo lo que ya no tenía.


Se miró con compasión dolorida e inmensa. Lloró amargamente. Y se colgó de su ventana.

JURAMENTO

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Terminó de firmar la receta con su bonita pluma dorada. Como siempre, su dictamen traía la paz a la preocupada madre, quien veía con alivio que la cura para su hijito ya venía en camino.
Y así sucedía siempre. Entrar a su bien decorada oficina, sentarse en su cómodo sofá de cuero, contemplar sus títulos, su Quijote, sus libros… todo traía paz y confianza a sus pacientes. Salvo por aquel detalle, todas esas volutas de humo con las que se rodeaba, que incluso le daban un toque de clase y misterio en esos años.
Porque todo era paz y seguridad en su vida. Todos lo querían.
Sólo él. Él, tan certero y firme para dictar sentencia contra las enfermedades, resolver enigmas y aliviar dolores… él, quien no dudaba en decir qué era lo conveniente y prudente.
No quiso privarse de ese hobbie. Que así era llamado entre la gente, aunque él sí supiera que no lo era. A pesar de que muchas veces fue a vomitar sustancias sanguinolientas, que ocultó incluso a los ojos de su fiel secretaria. Aunque la edad no era la razón por la cual se tardaba más en subir y bajar las escaleras del hospital. No quiso dejar algo que se veía tan inocuo, que acompañaba a gallardos modelos en regias motos…
No quiso admitir que sí sabía, incluso eso. Que su ojo clínico y su juramento hipocrático le gritaban. No admitió tal cosa.
Y esa madrugada, cuando sintió la falla multisistémica, cuando se le fue el aire para siempre, quiso hacer lo que tanto lo caracterizaba. Con toda la seriedad del mundo.
Echar un par de chuchadas.

EL CAMINO EQUIVOCADO

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Las manos sucias con sangre, una sangre viscosa que se empeña en derramarse sin control... las ideas le gritan en su cabeza, no logra mantener el orden en su alma, solo quisiera escapar...

Aquella mañana todo fue una locura. El fin de semana dejó todo fuera de su lugar, motivo de sobra para demorarse triple... y el tiempo que en las mañanas es un valor... con el reloj en la mente cada minuto, sacó a la rastra a su hija de la cama, a su marido de la ducha y consiguió que todos se sentaran a tomar su desayuno.

En la mesa nadie permaneció mucho rato... su esposo comió rápido, la vista en el televisor; su hija Camila sorbeteó la leche hasta terminarla, y se levantó dando masticones a aquel pan con queso tan esmeradamente preparado...

Cada segundo, tan valioso en su momento, pero ahora... no se acordaba de nada, su vida la habían cortado con un filo tan acerado, que lo anterior era nada, solo un tumulto de momentos desgraciados que ni siquiera lograba encajar.

Ya se estaba curando de los nervios por la salida, tenía planeados exactos los minutos que debía demorarse tras dejar a su hija en la escuela, la calle que debía tomar... al menos podia elegir qué escuchar, algo alegre que la despegara de su rutinario viaje...

Fue entonces cuando pasó. El golpe fue fortísimo, no podía dejar de recordarlo a cada momento... se le había pegado en el cuerpo, así como la sangre... por qué no dejaba de brotar!!! tenía que encontrar alguna manera de reparar el daño, debía haber alguna forma, quizás esto no estaba pasando en realidad...

De todos lados manaron personas y más personas, todas gritando, pidiendo explicaciones, preguntando, llamando a una ambulancia... ella no sabía dónde ponerse, a quién mirar, ni tampoco a quién recurrir... sólo veia esa sangre derramándose, manchándolo todo, robándose la vida de ese hombre a quien jamás había visto, ni quería volver a ver...

Al llegar la policía, acordonaron el sector para dejar fuera a los intrusos. Luego, buscaron testigos del accidente. Uno de ellos dijo que la mujer venía distraída mirando hacia el lado y por eso no vio al hombre cruzar; otros dijeron que el peatón había cruzado con imprudencia tras la micro... en cuanto a la conductora, no decía palabra, sólo estaba ahí con el rostro desencajado, perdida la mirada en la sangre...

Cuando al fin llegó la ambulancia, ella pudo saber que ya no había remedio... pensó entonces en Camila, en su casa, en sus conocidos... en la cárcel... quiso morirse, pero no había manera... por qué tuvo que pasar por ahí, por qué no alcanzó a frenar... y esa sangre, ni siquiera notó cómo se había manchado tanto... ya todo se había terminado...

La policía incautó el vehículo y a la conductora, pero debieron esperar al fiscal para que diera las órdenes y decidiera el destino de ella... ni siquiera notó cuál de ellos era, sólo veía un grupo de personas que se movían sin motivo. Y sólo sentía aquel golpe. Ese sonido que la movía por entero, y que la aterraba.

Su esposo llegó para acompañarla en todos los trámites, cuando lo vio se lanzó a sus brazos a llorar desconsoladamente, pero sin decir nada... qué podía contar, si ya nada tenía de lo que habia construído en sus años de vida. La interrogaron varias veces, diferentes personas, pero ella no salía de la conmoción...

Al fin pudieron irse a casa, pero ya nada podía ser lo mismo... hasta los colores eran diferentes ahora, el aire estaba infectado con la sangre aquella... en apenas unas horas sentía cuánto había envejecido, no se miró al espejo porque no quería verse, sólo quería escapar...

Aquella noche fue horrible. En todos los sueños, en todo segundo, volvía a gritar, volvía a ver la sangre, saltaba por aquel espeluznante golpe, veía aquel cuerpo... la rodeaba una muchedumbre, que la arrinconaba, y la acosaban a preguntas... se agitaba en la cama como una loca, quería despertarse pero el estar consciente era peor aún... sentía a la muerte rodeándola, señalándola y riéndose, ya no sabía si temerla porque nada podría ser más monstruoso que esto...

Pasadas tres noches de delirio, se despertó y tomó una decisión. Ya no quería seguir adelante, no podía, tenía que acabar con la pesadilla que le estaba devorando el alma entera. Dejando toda la lógica atrás, subió al auto de su esposo, lo sacó en silencio y se fue a la calle... hizo el recorrido exacto nuevamente, pasó por el preciso lugar donde todo sucedió, esta vez mirando al frente y no a la radio... traspasó el lugar señalado, con una mueca de alivio, gritando con todas sus fuerzas... ¡lo hice...! ¡lo hice...! hasta que se detuvo en aquel poste...

La muerte caminó por su lado, pero la eludió distanciándola con su brazo estirado. La dejó sola, para que otra vez viniera la ambulancia a cambiar nuevamente el rumbo de su vida, y la liberara de los tormentos de esta vuelta de mano. Para que pudiera sentirme víctima y no victimaria. Al menos esta vez.

EL AMOR NO SE PUEDE CALLAR

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Cuando sonó el teléfono ella sabía quien era. El corazón le empezó a latir con furia, se tomó su tiempo para responder...

Cuando escuchó su voz ya sabía lo que iba a escuchar. Hace rato sabía que las cosas se estaban complicando cada vez más, y que la solución probablemente sería dejarlo todo hasta allí...

Cuando él la miró, ella bajó la vista. No quería que él se diera cuenta todo lo que pasaba en su corazón, prefería callarlo todo antes que enfrentar su mirada tan dulce y tan querida...

Cuando él la besó, pensó que viajaba al cielo. Tantas veces haber soñado con ese momento, y que se hiciera realidad era algo imposible de creer...

Cuando su corazón dejó de latir, recordó las recomendaciones del doctor. Evitar emociones fuertes, especialmente del tipo amoroso... por eso siempre se había callado todo, pero cómo resistir al amor...

LA MAR

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En su carta venía un tesoro. Los recuerdos de otros días, cuando podía contemplar en el rostro amado esa alegría y belleza propias de la juventud...

Concentró la mirada, desde la inmensidad del baile de las olas, a la grafía menuda y grácil de Esperanza... con cada sílaba, sentía rejuvenecido el corazón, sentía la tibia presencia de ella con tanto realismo, que hasta con miedo leía al borde de la página, para no perder su figura...

Sentado en la popa del navío, detuvo su lectura obligado por el brusco movimiento de la mar. Su gris mirada se detuvo en un punto distante, meditando las palabras de Esperanza, imaginando esa tibia mano moviéndose en perfecta armonía con la pluma, oyendo los acompasados sonidos de ese amado corazón... cerró los ojos para hacerse parte del cuadro, pero los demás pasajeros lo trajeron de vuelta hasta la cubierta. Sacó su pipa, la cargó de tabaco con lentitud, casi con esmero, y tras una profunda respiración, se paseó a través de las aletas de babor y estribor. Los niños que corrían se quedaban mirando las figuras que dejaba el humo, dando unos gritos que por momentos alejaban a Esperanza de su lado. Mientras el cielo miraba amenazante.

Las horas se sucedieron, siguiendo el vaivén de la embarcación que acunaba en sus entrañas el secreto de este inmenso tesoro... hasta que al fin llegó la noche y la soledad que Moisés deseaba tanto. Aún con la cena a medio digerir, salió con paso juvenil hasta la cubierta. La oscuridad se hacía cómplice de sus intenciones, fijó la mirada en los pasamanos para tenerlos como referente, se plantó al centro de la cubierta, comenzó a tararear esa querida melodía y a mover manos y pies, en una danza dulcísima, anhelada y silente...

La mar cantó sus amores, aquellos más húmedos y fatales, mientras Moisés se abrazaba con su amada. Ningún pasajero lo vió, todos se ocultaron de la fría y horrible tormenta que se llevó consigo a aquel extraño anciano de pipa. Del tesoro, sólo quedó el recuerdo. Un recuerdo que tomó forma y carne en las olas vivas que vinieron al encuentro de esa llamada de amor. Porque al final, Moisés y Esperanza se hicieron uno en el cuerpo violento de la mar. Donde siempre quisieron vivir.

MALDITA

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Maldita... que fuerte palabra...

Más si está dicha desde el fondo del corazón, como la respuesta a una relación donde debió existir sólo amor...

Maldita... así la definió él entre sus delirios, cuando la fiebre le permitía dar un suspiro a las mil burbujeantes ideas que conectaban aún sus neuronas... todo cambió del dulzor de la miel al horror marcado cual cicatriz, cuando lo supo...

Conocerse y quererse fue como un chasquear de dedos, a pesar de que no era prudente las cosas iban tan rápido que lo único por pensar era el evitar apartarse uno del otro, cómo pudo cambiar tanto... conseguirla no fue fácil, los ancianos le aconsejaron, la luna no era favorable...

Los meses se sucedieron con la rapidez del viento, tan pronto fueron amigos, como novios y finalmente marido y mujer. Todo un sueño, cada día, todos los días... Hasta que llegó esa carta. Su nombre, escrito con puño fuerte, trajo la sombra al rostro de ella y llenó de dudas el corazón de él. Tras la conversación, todas las aguas se aquietaron, pero las miradas de ella no podían mentir...

Tras un año de amarse, comenzó el calvario... noches perdidas, levantándose una y otra vez, pensando en qué estaba pasando, por qué tardaba tanto en la cosecha, por qué salía antes del amanecer, a quiénes vendía los productos de la granja que la apartaban tanto de su lado...

Hasta que lo supo. La vio, tomada de la mano, con aquel extraño hombre, saliendo del establo... ella alzó la vista y también lo vio, la canasta que llevaba en su mano cayó a sus pies y un grito ahogado se perdió en su pecho...

Solo entonces recordó todas esas advertencias. Que esa mujer, por muy bella que pueda ser, no conoce el amor... o mejor dicho, no sabe amar solamente a uno... patrañas, eso puede cambiar. Todos esos recuerdos, el fuerte propósito de cambiarla se desvanecieron por completo cuando la volvió a ver... y así se sucedieron las salidas, los paseos, las ausencias, los comentarios...

Hasta que la sombra de ese ingrato amor lo empujó por aquella senda sin rumbo, tan a la mano... pensando en su aroma comenzó a comer aquellos frutos, uno tras otro, descontroladamente, hasta que olvidó donde estaba...


Maldita... susurraba en su lecho de muerte, mientras ella lloraba lagrimas de sal sobre su pálido rostro. Maldito corazón, maldito rostro angelical. Maldita... historia de amor.

ENCUENTROS

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Frente a frente. Cara a cara, al fin, después de tanto tiempo. Según ella, había pasado demasiado, porque contó 6.935 noches. Pero ni siquiera recordaba que le había tenido tan cerca, que casi se había convencido con su larga perorata, que por poco se había ido tras él; nada de eso cruzaba su mente. Fue mucho más tarde cuando recordó, una vez que él volvió a su lado, que se rió en su cara, que le susurró al oído, que se llevó su tesoro antiguo de colores y recuerdos. Sólo entones notó el ridículo papel que hacía; quiso matarlo y gritó muy alto, pero era inútil. Contó 3.468 noches más (en las que no dejó de llorar) y se sentó a esperar su nueva llegada. Inevitable.
Mientras tanto, él se dedicaba despreocupadamente a robar más y más tesoros. Algunos eran tan pequeños que se perdían en sus huesudas manos, y en otras ocasiones pequeñas fortunas se le metían entre los ojos pidiendo ser robadas. ¿Qué hacer? Ese era su destino, y en asuntos de suerte (él lo sabía bien) no vale ninguna excusa; no iba a hacer una excepción por una miserable muchachita que le rogaba de rodillas no acercarse a su tesoro. La vigilancia policial no corre en estos casos, así como tampoco las lágrimas que salen del corazón, ni los canjes por joyas de fantasía, ni nada.
Juntos nuevamente, como si fuera la primera vez. Ella maldiciéndolo, él riéndose de su ingenuidad. Y el actor principal del drama desaparecía, sin avisar, tras el arcoiris. Y es que pasa siempre. Pero esté donde esté, ese tesoro jamás dejará de brillar.