Mostrando las entradas con la etiqueta microcuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta microcuento. Mostrar todas las entradas

OLVIDO

|

Y me propuse que, cuando llorase, nunca mirarme al espejo. Para no recordarme.
Para nunca verme así.

Y habría funcionado bien, de haber sido eso y solo eso lo que me propuse hacer.

Pero olvidé la loca costumbre esa, qué manera de delatar la tristeza. Irrisoria.

¿No sabes acaso que unos ojos tristes se destacan más cuando los maquillas?



SUEÑICIDIO

|

El ángel del sueño vino a advertirla:
No lo busques más. No es acá donde se encuentra.

Pero fue demasiado tarde. Ya había saltado desde el andén, sin retorno, junto a sus ilusiones rotas.

Buscándolo, sin esperanzas. En pleno episodio de sonambulismo.

LA PACIENTE EN COMA

|

 La tormenta y el reloj se acompasaban en breves pero inquietantes momentos, haciendo su espera mucho peor de lo que ya era… aquellos segundos muertos que no pasaban nunca y que más encima vibraban con los truenos que les daban mayor gravedad aún.

La ansiedad la comía, entera, por más que trataba de no mirar ese maldito reloj... se distraía para luego notar que no habían pasado más que un par de minutos. Para ella no había tiempo; nadie vendría, no podría sentir el ruido molesto de los autos y de las conversaciones ajenas. Tampoco podría simplemente caminar por la vereda, porque no podía casi moverse por sí sola.

Quería tantas cosas, sentía tantos dolores, tenía tal desesperación que no hallaba cómo matar el deseo de lanzarse por la ventana, escapar y volver a su casa, a su cama, a su silencio...

Por dentro era una hoja seca, frágil y derrotada, entregada a las horas sin permitirse pensar en querer salir de allí, volver a casa y olvidar todo. Trataba de mantener a duras penas la calma y la paciencia hasta el borde de la locura.


Por fuera era un paciente en coma, sin expresión ni luz en la mirada. Un bultito sin voluntad ni dignidad.

POBRE PLANTITA INFELIZ

|


Otros van y vienen, pensaba ella con tristeza, pero eso es algo que no existe para mí. Puedo estirarme, gritar hasta perder el sentido, y aun así es algo que nadie parecería notar. Cada vez que desfallezco, tengo que luchar sola.


Así se lamentaba la planta, deseando otra vida. Hasta que su humano se fue de vacaciones y todo se volvió tierra seca e infértil.



LETRAS FINALES

|
Apagó la luz, tiró al suelo el libro y abrazó con rabia su almohada.


Le cargaban los finales tristes en las historias de amor. Le recordaban lo vacío de su casa.

UNA VIDA PERDIDA

|
Le caían las lágrimas sin poderlo contener. Contemplaba su nombre, escrito con tan bella tipografía en un lugar tan insigne. Pero no era eso lo que le causaba tal emoción.


No podía creer que, habiendo sido en vida clarividente, terminó siendo un fenómeno paranormal. Y al que nadie parecía notar.



EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

|
Ya no podía leer. El día de la operación nunca llegó, por eso se las arregló inventando las noticias y novedades… pero, por más que se esforzara, no llegaban. No asomaban los finales felices. Los de esos cuentos que sí pudo leer cuando niña.

Y así fue que comenzó a balbucear todos esos sinsentidos finales de películas de terror.

Y por eso se quejaban las vecinas. No podían creer el mundo que estaban viviendo.

MIMICROCUENTO

|


Saltos. Agitaciones suculentas. Escenas terroríficas. Y nada.

Nada nunca conseguía curarle el hipo.