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LA PACIENTE EN COMA

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 La tormenta y el reloj se acompasaban en breves pero inquietantes momentos, haciendo su espera mucho peor de lo que ya era… aquellos segundos muertos que no pasaban nunca y que más encima vibraban con los truenos que les daban mayor gravedad aún.

La ansiedad la comía, entera, por más que trataba de no mirar ese maldito reloj... se distraía para luego notar que no habían pasado más que un par de minutos. Para ella no había tiempo; nadie vendría, no podría sentir el ruido molesto de los autos y de las conversaciones ajenas. Tampoco podría simplemente caminar por la vereda, porque no podía casi moverse por sí sola.

Quería tantas cosas, sentía tantos dolores, tenía tal desesperación que no hallaba cómo matar el deseo de lanzarse por la ventana, escapar y volver a su casa, a su cama, a su silencio...

Por dentro era una hoja seca, frágil y derrotada, entregada a las horas sin permitirse pensar en querer salir de allí, volver a casa y olvidar todo. Trataba de mantener a duras penas la calma y la paciencia hasta el borde de la locura.


Por fuera era un paciente en coma, sin expresión ni luz en la mirada. Un bultito sin voluntad ni dignidad.

EL FIN DE LA LIBERTAD

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Cuando era niña, siempre quería más. Presionaba a sus padres para que la llevaran al campo con sus primos, y allá nunca le faltaban lugares por visitar y entretenerse.

En casa, rogaba por tener un monopatín, y cuando ya lo tuvo rogó que la dejaran salir a la plaza para jugar y lucirse con sus habilidades motrices. Gozaba sentirse libre, pero nunca pensaba en ello.

De joven, quiso aprender todo lo que estuvo a su alcance. Aprendió con maestros particulares, se instruyó en Artes y luego en Ciencias, donde halló la pasión de su vida. Se sentía exitosa y segura, respirando la libertad como si fuera suya.

Y cuando llegó a cumplir 41, ese accidente vascular la dejó sin nada. Imposibilitada de volver a caminar, atada a una ventana eterna, sin fuerzas para ejercer su carrera, se dio finalmente cuenta de que nunca agradeció por lo mucho que la vida le había otorgado. Notó su salud, inteligencia, belleza, libertad, entusiasmo, energía. Todo lo que ya no tenía.


Se miró con compasión dolorida e inmensa. Lloró amargamente. Y se colgó de su ventana.

CESANTE

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Elena dándose mil vueltas en la cama, tratando de encontrar el ángulo donde apoyar la cabeza y así conseguir que la angustia se vaya. Elena quieta, para no despertar a sus hijos, moviéndose por dentro, gritos y sollozos que nadie alcanza a oír.

Elena, viviendo de sonrisas para sus hijitos, que ya suficiente tienen con sus afanes y juegos para más encima leer el dolor en los labios de su madre… Elena sintiendo que su cuerpo se ha hecho más pequeño, que no vale nada, que si no fuera por sus hijos no soportaría la tensión de los días y días que pasan sin saber qué va a ser de ella y cómo se las va a arreglar.

Elena, caminando rumbo a todas las puertas disponibles, dejando su currículum, tratando de no despertar sospechas en cuanto a su necesidad y desesperación, con amables sonrisas y gestos pausados… Elena quemándose por dentro, sintiendo que la vida la está abofeteando y que todo brillo en su alma se apagó.

Elena junto a la tumba de sus padres, contándoles sus preocupaciones, acusando a aquella cruel mujer que la despidió sin escrúpulos cuando se enteró de sus hijos y su maternidad. Elena tratando de olvidar que su último plan es recurrir al papá de sus hijos, porque sería reconocer que no se la pudo como él le predijo pasaría. Maldito.

Elena dándose ánimo, que tras la tempestad siempre pero siempre sale el sol. Pero esos días, horas previas, qué manera de angustiarse recordando “El vaso de leche” y sintiéndose como aquel hombre… Elena cantando Yesterday a voz en cuello en la ducha…

Elena dando comida a sus hijos, con un leve pero perceptible temblor en sus muñecas que la hace recordar su cajetilla escondida… Elena rogando a Dios para que le de fe…

Elena revisando el correo en su celular, leyendo la respuesta a alguno de los tantos trabajos que ya postuló… Elena sintiendo regresar su alma al cuerpo, con lágrimas llenando sus ojos, de vuelta su esperanza y la fe, deseando abrazar fuerte a sus hijitos.


Elena viviendo el hoy, olvidando esa larga noche oscura.

UNA VIDA PERDIDA

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Le caían las lágrimas sin poderlo contener. Contemplaba su nombre, escrito con tan bella tipografía en un lugar tan insigne. Pero no era eso lo que le causaba tal emoción.


No podía creer que, habiendo sido en vida clarividente, terminó siendo un fenómeno paranormal. Y al que nadie parecía notar.



JURAMENTO

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Terminó de firmar la receta con su bonita pluma dorada. Como siempre, su dictamen traía la paz a la preocupada madre, quien veía con alivio que la cura para su hijito ya venía en camino.
Y así sucedía siempre. Entrar a su bien decorada oficina, sentarse en su cómodo sofá de cuero, contemplar sus títulos, su Quijote, sus libros… todo traía paz y confianza a sus pacientes. Salvo por aquel detalle, todas esas volutas de humo con las que se rodeaba, que incluso le daban un toque de clase y misterio en esos años.
Porque todo era paz y seguridad en su vida. Todos lo querían.
Sólo él. Él, tan certero y firme para dictar sentencia contra las enfermedades, resolver enigmas y aliviar dolores… él, quien no dudaba en decir qué era lo conveniente y prudente.
No quiso privarse de ese hobbie. Que así era llamado entre la gente, aunque él sí supiera que no lo era. A pesar de que muchas veces fue a vomitar sustancias sanguinolientas, que ocultó incluso a los ojos de su fiel secretaria. Aunque la edad no era la razón por la cual se tardaba más en subir y bajar las escaleras del hospital. No quiso dejar algo que se veía tan inocuo, que acompañaba a gallardos modelos en regias motos…
No quiso admitir que sí sabía, incluso eso. Que su ojo clínico y su juramento hipocrático le gritaban. No admitió tal cosa.
Y esa madrugada, cuando sintió la falla multisistémica, cuando se le fue el aire para siempre, quiso hacer lo que tanto lo caracterizaba. Con toda la seriedad del mundo.
Echar un par de chuchadas.

ESTE INVIERNO

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Quiero escribir algo sobre este sitio asfixiante.
Algo que explique lo que siento.
Algo que haga entender que no me bastan las palabras… que nunca me han bastado… o que si antes era así, ya no…
Y si, es cierto… creo que desde la oscuridad es donde escribo mejor.
Me sale más natural… escritora maldita creo que me dijo en alguna ocasión. Es el momento cuando ya me saturan los sentimientos, la angustia, la soledad, la ira, cuando decido escupir todo eso, en un vendaval de letras que ni yo misma entiendo…
Me siento maldita. No porque alguien me haya echado un hechizo, no… soy yo… esta guerra se libra en este cuerpo, en esta sangre… sé que soy fuerte, lo he demostrado con todas las barbaridades que llevo escritas, pero ahora… estoy ahogada…
No sé si debo confiar. No sé qué hacer. No sé si estoy tomando buenas decisiones.
No quiero pasar este invierno.

FREE

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Busca sin intención sus cigarros, solo para sentir la seguridad de tenerlos a la mano en caso de necesitarlos. Extiende la mirada alrededor suyo, trata de respirar como si estuviera vivo, pero en su rostro se notan todas aquellas cicatrices…
Sube a su auto, pensando dónde irá esta vez… manejar es un proceso grato, es un ir desde un sitio a otro, es parte de no pertenecer a nada y así se siente él ahora; por eso, se concentra en manejar sin pensar en nada….
La música lo transporta a otras épocas, otros momentos más gratos de su vida… cómo quisiera ahora poder volver al pasado, a la seguridad de su hogar, a sus rutinas de antaño, pero sólo tiene sus cigarros, el auto y esta lluvia que no se aparta de su lado.
Llega hasta el aeropuerto, un buen sitio para mirar mil otros rostros y descubrir en ellos las claves para resolver sus conflictos, sus preguntas… detiene la mirada varias veces, tan sólo unos segundos, para buscar otro nuevo rostro. La herida sigue sangrando.
Se rinde. Es el momento de terminar con las preguntas, con las heridas, con la lluvia…. Toma las llaves de su auto, enciende un cigarro y toma el volante. Conduce seguro y firme hasta alcanzar la velocidad de la luz, la única que podrá transportarlo al lugar donde debe estar. Al fin las heridas se cierran, y las preguntas callan para siempre.
Se siente bien ser libre.

EL CAMINO EQUIVOCADO

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Las manos sucias con sangre, una sangre viscosa que se empeña en derramarse sin control... las ideas le gritan en su cabeza, no logra mantener el orden en su alma, solo quisiera escapar...

Aquella mañana todo fue una locura. El fin de semana dejó todo fuera de su lugar, motivo de sobra para demorarse triple... y el tiempo que en las mañanas es un valor... con el reloj en la mente cada minuto, sacó a la rastra a su hija de la cama, a su marido de la ducha y consiguió que todos se sentaran a tomar su desayuno.

En la mesa nadie permaneció mucho rato... su esposo comió rápido, la vista en el televisor; su hija Camila sorbeteó la leche hasta terminarla, y se levantó dando masticones a aquel pan con queso tan esmeradamente preparado...

Cada segundo, tan valioso en su momento, pero ahora... no se acordaba de nada, su vida la habían cortado con un filo tan acerado, que lo anterior era nada, solo un tumulto de momentos desgraciados que ni siquiera lograba encajar.

Ya se estaba curando de los nervios por la salida, tenía planeados exactos los minutos que debía demorarse tras dejar a su hija en la escuela, la calle que debía tomar... al menos podia elegir qué escuchar, algo alegre que la despegara de su rutinario viaje...

Fue entonces cuando pasó. El golpe fue fortísimo, no podía dejar de recordarlo a cada momento... se le había pegado en el cuerpo, así como la sangre... por qué no dejaba de brotar!!! tenía que encontrar alguna manera de reparar el daño, debía haber alguna forma, quizás esto no estaba pasando en realidad...

De todos lados manaron personas y más personas, todas gritando, pidiendo explicaciones, preguntando, llamando a una ambulancia... ella no sabía dónde ponerse, a quién mirar, ni tampoco a quién recurrir... sólo veia esa sangre derramándose, manchándolo todo, robándose la vida de ese hombre a quien jamás había visto, ni quería volver a ver...

Al llegar la policía, acordonaron el sector para dejar fuera a los intrusos. Luego, buscaron testigos del accidente. Uno de ellos dijo que la mujer venía distraída mirando hacia el lado y por eso no vio al hombre cruzar; otros dijeron que el peatón había cruzado con imprudencia tras la micro... en cuanto a la conductora, no decía palabra, sólo estaba ahí con el rostro desencajado, perdida la mirada en la sangre...

Cuando al fin llegó la ambulancia, ella pudo saber que ya no había remedio... pensó entonces en Camila, en su casa, en sus conocidos... en la cárcel... quiso morirse, pero no había manera... por qué tuvo que pasar por ahí, por qué no alcanzó a frenar... y esa sangre, ni siquiera notó cómo se había manchado tanto... ya todo se había terminado...

La policía incautó el vehículo y a la conductora, pero debieron esperar al fiscal para que diera las órdenes y decidiera el destino de ella... ni siquiera notó cuál de ellos era, sólo veía un grupo de personas que se movían sin motivo. Y sólo sentía aquel golpe. Ese sonido que la movía por entero, y que la aterraba.

Su esposo llegó para acompañarla en todos los trámites, cuando lo vio se lanzó a sus brazos a llorar desconsoladamente, pero sin decir nada... qué podía contar, si ya nada tenía de lo que habia construído en sus años de vida. La interrogaron varias veces, diferentes personas, pero ella no salía de la conmoción...

Al fin pudieron irse a casa, pero ya nada podía ser lo mismo... hasta los colores eran diferentes ahora, el aire estaba infectado con la sangre aquella... en apenas unas horas sentía cuánto había envejecido, no se miró al espejo porque no quería verse, sólo quería escapar...

Aquella noche fue horrible. En todos los sueños, en todo segundo, volvía a gritar, volvía a ver la sangre, saltaba por aquel espeluznante golpe, veía aquel cuerpo... la rodeaba una muchedumbre, que la arrinconaba, y la acosaban a preguntas... se agitaba en la cama como una loca, quería despertarse pero el estar consciente era peor aún... sentía a la muerte rodeándola, señalándola y riéndose, ya no sabía si temerla porque nada podría ser más monstruoso que esto...

Pasadas tres noches de delirio, se despertó y tomó una decisión. Ya no quería seguir adelante, no podía, tenía que acabar con la pesadilla que le estaba devorando el alma entera. Dejando toda la lógica atrás, subió al auto de su esposo, lo sacó en silencio y se fue a la calle... hizo el recorrido exacto nuevamente, pasó por el preciso lugar donde todo sucedió, esta vez mirando al frente y no a la radio... traspasó el lugar señalado, con una mueca de alivio, gritando con todas sus fuerzas... ¡lo hice...! ¡lo hice...! hasta que se detuvo en aquel poste...

La muerte caminó por su lado, pero la eludió distanciándola con su brazo estirado. La dejó sola, para que otra vez viniera la ambulancia a cambiar nuevamente el rumbo de su vida, y la liberara de los tormentos de esta vuelta de mano. Para que pudiera sentirme víctima y no victimaria. Al menos esta vez.

ABSURDO

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Es absurdo pensar en la materia, en lo tangible, en horizontes cuantificables. Es absurdo pensar en los recuerdos del futuro, en la ocasión que te puse los ojos encima y en el momento en que decidirás dejarme. Es absurdo pensar que no hay más que tú, que miles de expectativas están esperándome en la esquina. No podría pensar en la alegría que tendré una vez que deje de estar bajo tus influjos, en la seguridad que tengo siempre cuando tú me convences. Es imposible ver más allá de tu sombra, traspasar los límites de tu inconsciencia embriagadora, salir de tus cercados y almibarados jardines en penumbra, responder a otra voz que no sea tu poderoso y constante murmullo; es inútil seguir tu camino, inseguro y absurdo, plagado de promesas falsas y adornado con flores de aire que tú pones allí sólo para confundirme.
Es muy fácil terminar entre tus redes y hablar con tus palabras; no es difícil dejar de lado tus tontas insinuaciones y seguir caminando como si tú no existieras... ¡es absurdo negarte, e imposible no desear que te vayas pronto de mi lado!
Es absurdo pensar en los sueños, en lo intangible, en horizontes inimaginables. Casi tan absurdo como pensar en ti.